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Weinsteingate: acoso y abuso en la Ciudad de las Estrellas

Column Culture

Weinsteingate: acoso y abuso en la Ciudad de las Estrellas

Texto por Oralia Torres — 11.Oct.2017

Esta semana, se reveló que Harvey Weinstein, uno de los productores detrás de la poderosa The Weinstein Company, llevaba años acosando y abusando de muchas actrices. Entre la información que ha salido a la luz desde la publicación inicial en The New Yorker se encuentra un reportaje que una periodista de The New York Times intentó publicar en 2004, pero que fue vetado por solicitud de Weinstein y por presión de Matt Damon y Russell Crowe. Los mensajes que condenan las acciones de Weinstein, así como los y las que señalan que desconocían de ello, han surgido constantemente, y la lista de actrices que han roto el silencio sólo va en aumento.

Este tipo de acusaciones en la industria de cine estadounidense no son nuevas: sólo el año pasado, salió a la luz que Casey Affleck había abusado de varias colegas de trabajo durante el rodaje de I’m Still Here-y aún así recibió el Oscar a Mejor Actor por Manchester By The Sea-, Mel Gibson se “reivindicó” de su pasado violento y abusivo con el filme Hacksaw Ridge, y Johnny Depp continúa su carrera sin problemas a pesar del abuso y violencia cometida contra Amber Heard. Ejemplos sobran: Woody Allen continúa con su próspera carrera a pesar de las acusaciones de su hija adoptiva Dylan Farrow; Roman Polanski sigue trabajando y ganando premios (en Europa) a pesar de la demanda contra él por haber abusado de una menor de edad en los 70; Bernardo Bertolucci filmó una escena de violación real en la infame Last Tango in Paris; Sean Penn golpeó gravemente a Madonna en los 80, al punto que ella casi pierde la vida; Christian Bale y Michael Fassbender han abusado de sus parejas en el pasado; y tanto Alfred Hitchcock como David O. Selznick han sido muy violentos con sus actrices durante los rodajes de sus filmes. También, se reveló que Ben Affleck -quien ayudó a su hermano a silenciar su escándalo y recientemente publicó en Facebook que estaba horrorizado por las acciones de Weinstein- abusó de la actriz Hillarie Burton.

Sobre Weinstein, su comportamiento hostil contra mujeres era un secreto a voces que se daba por sentado: Seth McFarlane incluso bromeó al respecto durante la ceremonia de los Oscars en 2013. La lista es interminable, y es tan insidioso el tema, que hay actores que han trabajado con él y apoyado a otros conocidos abusadores que ahora están condenando las acciones de Weinstein y dándole apoyo moral a sus víctimas.

Cultural y socialmente, hemos comprado y repetido ad nauseum la idea de que el Arte se puede separar del artista. Llevo varios años dándole vuelta al tema, discutiéndolo con muchas personas, y ahora que llevo rato en talleres creativos, donde tengo que producir textos originales, me parece muy difícil poder separar el Arte del Artista: es muy difícil pensar fríamente y no dejar que la cosmovisión propia no afecte el trabajo ni se revele lo que el autor piense. Dudo que cineastas que se hacen llamar a sí mismos como “de autor” y que prácticamente revelan su alma en cada filme, de verdad crean que su modo de pensar no influya en su Arte. Empero, pensar que toda obra de arte es objetiva y racional, y que es perfectamente separable de su autor o intérprete, funciona como excusa permitir que las acciones dañinas permanezcan impunes y silenciar a quienes hablen sobre ellas.

“No sabemos en realidad Allen abusó o no de Farrow, pero hace películas tan buenas que no importa”. “Heard está mintiendo, es una arpía oportunista que sólo quiere quitarle dinero a Depp”. “Estaban chavos: Penn tenía una personalidad explosiva, y Madonna no era ninguna santa”. De una forma u otra, se busca justificar a toda costa este comportamiento deplorable con tal de que la persona abusiva, sumamente creativa y brillante, siga trabajando, al mismo tiempo que se cambia la narrativa de modo que las víctimas sean quienes tienen la culpa de lo que les pasó.

En el caso de un productor de cine, éste no tendrá autoría sobre una película, pero sí decide qué historias son las que deben contarse y quiénes son los que las cuentan, teniendo incluso influencia respecto a cómo debe presentarse la historia, qué debe incluirse y quiénes son contratados en la producción. Y, vaya, tener y hacer públicas pruebas en donde se demuestre el abuso no es garantía: después de todo, la filtración de la conversación en donde Donald Trump dice “grab ’em by the pussy” no le impidió llegar a la Casa Blanca. ¿Qué se puede esperar en otras áreas de trabajo? Si estas personas continúan trabajando sin consecuencias a pesar de las aberraciones que hayan hecho y las pruebas de que estas acusaciones tienen fundamento, es más difícil que en la vida cotidiana, lejana al glamour, se hable y se denuncie el acoso y abuso sexual en ámbitos laborales.

Por más progresista que se quiera pintar, la industria del cine es profundamente misógina. Al igual que en otros lugares de trabajo -incluyendo oficinas públicas y privadas, en todos los niveles-, existe un sistema jerárquico que da infinitos privilegios a los hombres que sostienen poder económico y/o cultural, de modo que es fácil que estas personas abusen de su poder y puedan jactarse de salirse con la suya. Asimismo, estos abusos se tapan con una cultura de silencio, en donde la víctima se ve incapaz de hablar de lo que ha sufrido por miedo a las repercusiones contra su persona y su carrera, de modo que no pueden pedir ayuda. Y quienes sí podrían hablar por ellas, en el mejor de los casos hacen se hacen de la vista gorda o buscan activamente callarlas. Ahora todos están sorprendidos de estas revelaciones -a pesar de que muchas actrices y activistas han hablado por años sobre la cultura de violencia sexual en Hollywood- y quizás se hable de que esta era la única mala manzana del cesto, en lugar de pensar que quizás hay algo en el cesto que pudre toda la fruta.

¿Habrá repercusiones reales contra Weinstein? Probablemente no. Hizo un comunicado en donde busca excusarse, lo despidieron, quizás se hable superficialmente del acoso y abuso de las mujeres que trabajan en Hollywood, y se pase a otro tema. Es muy difícil que haya cambios profundos que mejoren el ambiente laboral y que haya justicia real para las víctimas, ya que el problema de fondo es mucho más complejo y requiere cambios culturales profundos y fundamentales -tanto en la industria del cine como en todas las demás- que tomarán generaciones en hacer efecto.

La esperanza muere al último: espero que todas estas pruebas y los diálogos al respecto cambien un poco para bien la industria del cine, y esta ola contra hombres violentos se expanda al resto del mundo, en todos los niveles de trabajo.

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