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Miss Sloane: Jessica Chastain puede vendernos cualquier premisa

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Miss Sloane: Jessica Chastain puede vendernos cualquier premisa

Texto por Maximiliano Torres — 02.Mar.2017

Si le contaras a un algoritmo que eres fan de Scandal, la serie de intriga política y empoderamiento femenino de Shonda Rhimes en la que Olivia Pope hace y deshace con la escena política y el corazón del presidente de Estados Unidos, la recomendación directa e inmediata que te hará es ver Miss Sloane, de John Madden.

Jessica Chastain interpreta a Elizabeth Sloane, una estrarega política al servicio de empresas y organizaciones que necesitan manipular la legislación y la opinión pública en favor de sus intereses. Liz trabaja para uno de los principales despachos que representa a empresas ante reguladores del gobierno. Cuando su jefe le informa que su siguiente caso consiste en hacer campaña para que las madres de familia estén a favor de la industria de las armas, Miss Sloane se niega rotundamente. A la par de esta presión de traicionar sus creencias y defender una causa que más muertes ocasiona en el suelo americano, Liz recibe la oferta de una ONG que le pide usar sus influencias para conseguir votos a favor de una ley que regulará el acceso a las armas. Adicta a la sensación de ganar, Miss Sloane cambiará de vando político para hacer que la nueva ley entre en vigor, convirtiendo a sus ex empleadores en sus nuevos peores enemigos.

Estos thrillers siempre subrayan lo apasionado y emocionante que es el día a día en los círculos del poder. Las conversaciones son inspiradoras, estallan en debates, llevan a descubrimientos que derrumbarán el sistema, todos trabajan hasta horas inhumanas y están acabándose la salud pero a la vez lucen sexies. Si bien esto es, desde luego,  una convención que como espectadores tenemos que aceptar (que el cine romantiza los oficios de la vida real) el nivel de intensidad, sagacidad, anticipación y maquiavelismo en la protagonista es abrumador.

Aunque nadie duda a estas alturas que las prácticas en la capital política de los Estados Unidos sean así de rudas, lo que cansa un poco de esta historia es su afán por poner  todo el tiempo en primer plano la ambición y sed de poder de estos agentes de cambio. Sin lugar para errores, momentos de vulnerabilidad o subtramas íntimas que hagan más llevadera su densa carga de diálogos y maquinaciones políticas.

Quien hace verosímil y llevadera esta función es Jessica Chastain. Pese a tener un personaje al que le faltan matices y una explicación de su psicología (¿cómo fue el origen de esta antiheroina?), Chastain carga con los clichés y lugares comunes de esta película, manteniéndonos crédulos de su modus operandi y vendiéndonos la fantasiosa trama que ya conocemos por House of Cards y Scandal.

 

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