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Las emociones caóticas y el amor tóxico de ‘Good Time’

Culture

Las emociones caóticas y el amor tóxico de ‘Good Time’

Texto por Julio Vázquez — 05.Dec.2017

¿Cuántas películas han recibido una ovación de seis minutos en Cannes?, sobretodo cuando son dirigidas por directores menores de 35 años…

¿Recuerdan que previamente hablamos de Greta Gerwing, una de las musas del Mumblecore (Corriente del cine independiente que se caracteriza por hacer de la falta de presupuesto un signo estético)?, pues Benny y Josh Safdie, son los hermanos de 31 y 33 años, respectivamente, considerados para mucha de la crítica como pilares inamovibles de este movimiento, algo así como los príncipes del “indie americano”. Y es que posterior a su gustada Go Get Some Rosemary (2009), y la dividida Heaven Knows What (2014), su ascenso dentro del cine fue directo a dar a Cannes con una nominación para la Palma de Oro, gracias a Good Time, cinta que posiblemente sea el mejor thriller del año, y si no es así, al menos estamos frente a la primer media hora más tensa de una de las mejores películas de este 2017.

Una producción que nos remite inmediatamente al trabajo de Abel Ferrara y Martin Scorsese (quien precisamente ya funge como productor de Uncut Gems, la nueva película de los hermanos) pero en colores neón; esta visión humana del mundo urbano y los pequeños fragmentos que lo conforman, la vida que tiene cada centímetro, cada esquina o cuadra. Los Safdie se enfocan en historias que nos presentan personajes anárquicos, junkies soñadores, marginados que luchan el día a día para poder salir de las sombras.

Good Time es protagonizada por Connie (Robert Pattinson), y Nick (Ben Safdie), y se nos cuenta una historia en tiempo real dentro de un día en la vida de dos hermanos de Queens, el menor con una deficiencia mental, el mayor con una astucia e inteligencia interesante. Ambos buscan asaltar un banco y con ello poder cumplir su sueño: salir de la vida que tienen y poder irse a vivir en paz al campo. Sin embargo, uno es atrapado, lo que provoca que el otro haga todo lo que está en sus manos para poderlo ayudar, y es ese el principal gancho del largometraje. El cual se acrecenta a través de la interesante manera que tienen los directores de plasmar y desarrollar la vida nocturna; muchos close-ups, tomas largas, por momentos la cámara pareciera moverse mucho dándole una cierta estética “filthy”. Además, el director de fotografía, Sean Price Williams (Eyes Find EyesQueen of Earth, Golden Exits) encontró la hermosa manera de iluminar esta historia en tonos rosa, azules, negros, y con un cierto brillo de estática. Dándole vida a la noche y sus momentos, incluso en algunas escenas se siente el poder alucinógeno que podría volver el relato en algo fantasioso.

Lo que termina cuajando gracias a Robert Pattinson; quien alguna vez fuera reconocido por su papel de vampiro adolescente, desde hace algunos años ha venido tomando papeles dentro de algunas películas de autor (Cosmopolis, The Childhood of a Leader, Little Ashes, Life, y la esperada The Trap), pero esta vez bastaría un fotograma de Heaven Knows What para que el actor quedara enamorado de los colores y se comunicara con los Safdie, al grado de ofrecerse como miembro del catering sólo para trabajar con ellos. Esta obsesión lo llevó a dar su mejor actuación hasta el momento. Evidentemente, su personaje es un criminal de personalidad audaz y arriesgada, pero lo que se destaca es que se aleja de todos los tabúes y prohibiciones dentro del estigma de lo “políticamente incorrecto”, dándonos un retrato veraz de ese mundo. Es honesto, cruel, brutal pero sumamente humano, incluso vulnerable. El plus y complemento de Pattinson es la actuación de Benny Safdie, la forma en la que interpreta a un discapacitado, y sobretodo la escena inicial, es el martillo emocional que rompe al espectador para irlo llenando de tensión.

Evidentemente hay momentos donde el ritmo disminuye, pero a mi parecer son pequeños descansos de lo frenética que resulta, en parte es gracias a la banda sonora compuesta por Oneohtrix Point Never, quien incluso colaboró con Iggy Pop para la pieza que suena en los crédito finales, y que hizo piezas inherentemente malvadas, con un toque de LSD y neones.

La cinta empata extremos que hacen dudar al espectador respecto al protagonista, y lanza cuestionamientos sobre si lo que hace es bueno, malo, detestable o valorado. Dispara la duda de la lealtad y lo temerario, pero a su vez es una película sobre el amor destructivo y disfuncional, esa emoción no adecuada que muchas veces se adhiere a nosotros. Good Time irónicamente engaña con su nombre, y nos da una pieza de cine brutal, inteligente, sin violencia física pero feroz y destructiva. Es un thriller impulsivo, poético pero sobretodo, triste y con mucho corazón.

*Si sufren de hipertensión, favor de abstenerse a verla. Gracias.

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