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La metáfora de Björk y Beyoncé en la industria

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La metáfora de Björk y Beyoncé en la industria

Texto por Emilia Alarcón — 17.Jan.2017

Ha pasado una década desde que tuvimos la grata sorpresa de ver a Björk encabezar el cartel de Coachella. Hace una semana, este mismo festival anunció el lineup para su edición 2017, y cuenta con la presencia de Beyoncé como uno de los actos estelares. Pero, ¿por qué pasó tanto tiempo para que esto volviera a suceder? ¿Qué dice de la industria musical el que existan dos únicos casos en los que una mujer ha sido reconocida como merecedora de este lugar?

Es importante denotar las similitudes entre Björk y Beyoncé, además de ser dos talentosas cantantes, compositoras, artistas y actrices, ambas han sabido destruir el retrógrado canon femenino.

Tanto Vulnicura como Lemonade, los últimos discos de las dos artistas, exploran temas machistas y racistas, así como tópicos que desafían lo que normalmente se espera que una mujer no toque. En el videoclip de “Black Lake” de Björk, existe un momento en el cual parece que la islandesa será devorada por la boca de una cueva. Haciendo ademanes por sobreponerse, resulta casi imposible no empatizar con su claustrofobia, una sensación que te asfixia tanto como a ella. Sí, logra escapar, pero la avasallante oscuridad que la espera en el exterior resulta igual o más opresora. Entonces se golpea el pecho en señal de frustración y se tumba sobre las rocas, esperando que amanezca para contemplar de nuevo la luz del día.​ De igual forma con el primer track de Lemonade, “Pray You Catch Me” establece el inicio de una profunda lamentación en rezo y nos da un vistazo de varias mujeres afroamericanas en total quietud, mientras Bee narra una serie de lo que parecen ser pensamientos sobre la posición del hombre frente a la mujer, para luego caer de un edificio y sumergirse en el agua. Ellas no se ahogan, flotan; y no son víctimas de nadie.

Ambos discos contienen un enorme poder transformado desde un sentimiento imperioso,  destruyendo los estereotipos de cómo debe sonar y actuar una cantante dolorida. No buscan la empática mirada de un hombre y deciden salir del papel pasivo que se espera de ellas. Exponen su sentir de manera feroz.

En la industria existe una categoría para etiquetar a las cantantes que deciden hablar de sus sentimientos, se las llama compositoras “íntimas”, mientras que a sus homólogos masculinos se les considera “letristas”. Joni Mitchell, autora de obras discográficas como Blue, asegura que “la palabra confesión íntima es la que emplea alguien que intenta quebrarte externamente”. Su lucha continúa siendo la de una mujer intentando deshacerse de la etiqueta de “íntima”.

En Vulnicura, Björk nos abre paso a su mundo y a la agobiante sensación de ruptura que produce el final de su relación con su compañero de vida, Matthew Barney. Igualmente, el dolor que captura Lemonade está directamente relacionado a lo que significa ser una mujer negra en Estados Unidos. Ambos álbumes liberan y reabren cicatrices pero lo hacen con plena conciencia y significado de que esto, justamente, las libera. Existe la creencia de que una compositora solo debe/puede hablar de lo que siente dirigiéndose hacia adentro, Beyoncé y Björk nos demuestran que no tiene porqué ser así. La misma existencia de Vulnicura cuestiona frontalmente la noción de que cualquier mujer, joven o vieja, de cualquier raza, tenga que ser o sentirse nunca invisible.

Sin embargo, ¿por qué existen dos únicos casos en los que se las ha reconocido como merecedoras de encabezar un festival? ¿Por qué es necesario que las mujeres tengan 20 años de una exitosa carrera para que puedan estar a la par de nombres masculinos en un cartel?  ¿Por qué esperar una década para contar con otra artista como acto estelar?

Este cuestionamiento de ninguna manera desmerece a artistas como Kendrick Lamar o Radiohead que acompañan a Beyoncé como headliners del Coachella 2017, sino por el contrario, busca llamar la atención de que la lucha desmedida del sexo femenino por estar a la par sigue estando ahí. Pasa en todos los ámbitos y aspectos y si bien es un logro más que aplaudir, la misma no debería ser tan llena de obstáculos.

Björk y Beyoncé han apostado por exteriorizar su dolor sin atenuar su sexualidad o domesticar su ira, y para una mujer dentro de la escena pop actual, este puede considerarse el acto más subversivo que se puede acometer. Incluso hoy, en 2017, el enérgico patriarcado sigue igual de vivo, y a la música pop le queda todavía un largo camino que recorrer para deshacerse de su mirada retrógrada y machista. Esperamos que no tengan que pasar otros diez años para volver a poner en la cima a aquella artista que se lo merezca.

 

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