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El PUNK no ha muerto, nosotros sí

Column Music

El PUNK no ha muerto, nosotros sí

Texto por Avinchuela Mágica — 20.Oct.2015

PussyRiot

PUNK, esa palabra de cuatro letras que inspira tanto y que nos hace sentir rebeldes, una palabra que no sólo encierra un universo entero de bandas y canciones, sino además de movimientos culturales, sociales y filosóficos de los que ahora sabemos tan poco.

Muchos nos sentimos indomables cuando suena una canción de The Ramones o gritamos y movemos la cabeza cuando tocan los Sex Pistols, pero ¿qué tanto cargamos actualmente de ese punk que alguna vez se convirtió en la contracultura más “peligrosa” de Londres y Norteamérica?

Si bien existen infinidad de bandas influenciadas por este movimiento, son pocas las que cargan el estandarte de anarquía más allá de la música, son pocas las que se atreven a desafiar a la sociedad con sus protestas; y es que mucho depende del contexto. Pienso que no es lo mismo si una banda de punk surgiera en Suiza o Australia, en donde se han realizado estudios sobre el alto nivel de felicidad de las personas, que si emergiera de Rusia o Irán e incluso Latinoamérica, en donde la gente no está conforme con su situación.

Esta entrada no pretende desacreditar la calidad musical de ningún grupo, pero pensemos… Green Day no sonaba igual en sus inicios en los 90 que ahora; eso no es culpa de ellos y tampoco se trata de si sus discos son comerciales o se vendieron a una compañía discográfica, se trata del contexto. Green Day, The Old American Rejects, Rancid y muchas más no pueden sonar igual que al principio porque simplemente no viven la misma situación que en el pasado. Muchas bandas han pasado del anonimato, de tocar en bares cutre y underground a llenar estadios, ser contratados y hacer giras; su bagaje cultural ha cambiado, por supuesto que no pueden sonar a lo mismo si su realidad actual es otra y su modo de vida ha cambiado. Ya no pueden hablar de drogas cuando muchos se han rehabilitado, ni de ser marginados y exiliados, cuando varios ganan millones y son adorados por hordas de fanáticos alrededor del mundo. Una banda es lo que es por lo que vive en el momento, y es que tampoco podrían vivir siempre en el pasado, porque no sería natural ni se escucharía auténtico.

 greenday

De ahí que decidí escribir sobre el punk y una de las bandas de los 2000 que aún conserva todos los ideales de este movimiento contracultural: Las Pussy Riot. Recientemente vi el documental dirigido por Maxim Pozdorovkin y Mike Lerner (Pussy Riot: Una plegaria punk) en 2013, sé que andaba atrasada, pero por extrañas razones nunca había podido terminarlo; lo veía por cachos. Entonces lo terminé y me quedé pensado en que es una de las pocas bandas, y además femeninas, que ha podido absorber la importante carga que representa el punk, no solo como género musical sino como movimiento.

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De entrada, ni siquiera son definidas como un grupo musical sino como un colectivo, otorgando un carácter distinto a sus actuaciones. En 2011, Nadezhda Tolokónnikova, Yekaterina Samutsévich y María Aliójina decidieron unir sus mentes creativas y dar vida a este colectivo con el objeto de manifestarse en contra del gobierno de Putin; tachadas de feministas, vándalas y revoltosas, las Pussy llegaron al extremo cuando en 2012 irrumpieron en la Catedral de Moscú y se montaron en el altar a tocar en plena misa; fueron arrestadas y condenadas a dos años en prisión por vandalismo, así es, no mataron a nadie, no destruyeron propiedad ajena, no tocaron a ningún ser humano y aun así fueron tratadas como viles delincuentes.

Hay que ser un poco objetivos también y pensar que lo que hicieron, evidentemente, iba a tener consecuencias; digo es como si un días estás viendo la tele en la sala de tu casa y entran tres chacas cantando reggaetón, pues sí te enojas ¿no? Sin embargo, el descontento fue internacional; el juicio alcanzó niveles insospechados y se trató a las chicas como si hubieran iniciado una revolución militar, lo que demostró que Rusia no estaba preparada para ni para ellas ni para ser un gobierno presuntamente democrático. El hecho, más allá de castigar a tres niñas que tocaban rock, dejó entrever las fallas y deficiencias de la ley que se presentaba como un país laico y abierto.

Una vez más, la libertad de expresión fue cuarteada y los rusos se sintieron decepcionados, traicionados… parecía como si hubieran vuelto a los 80, y así fue, pero fueron estas tres personas comprometidas con su causa las que le dieron un vistazo al mundo de que las cosas siguen siendo como siempre: ¡El rock es el diablo!

Pero, tras todo los sucedido, y poniendo en perspectiva la situación, reflexionemos: cuántos grupos actualmente representan de verdad el estandarte que cargan, cuántos son realmente punks o rockers, hippies o alternativos y cuántos están dispuestos a pasar dos años en una prisión siendo reprimidos, asediados y acusados por creer en sus ideales, ideales que incluso parecían perdidos o inexistentes… caducos.

Nuestro mundo ya no es el mismo que hace 20 años, hoy en día tenemos internet lo que significa que un niño puede aparecer bailando en YouTube y convertirse en Justin Bieber en segundos, sin embargo, parece que no nos hemos dado cuenta de todo ese poder. El punk no se trata de guitarras, crestas de colores y botas con casquillo; como pudimos ver en éste y otros casos menos recientes, el punk es un arma de revolución social, pero no nos interesa, estamos inmersos en festivales, servicios de streaming digitales, entregas de premios… hemos perdido tanto.

pussy

No quiero sonar como la tía de los gatos que dice que en sus tiempos todo era mejor, no, este tiempo es el mejor para adueñarnos de lo que queramos y llevar el mensaje, pero pareciera que ya nadie está dispuesto, pues desconocemos ese mensaje. El punk no ha muerto, solo está dormido esperando que alguien se enfunde los pantalones, se peine con azúcar y salga a las calles a gritar por su libertad, porque por más que creamos que estamos en el cielo grabando nuestros propios discos en la computadora, nada de esto funciona si no nos arriesgamos a tatuarnos la “A” de anarquía y ensuciarnos las manos.

La música sigue ahí, el punk está dispuesto a regalarnos un poco más de rebelión y vandalismo si sabemos cargarlo con orgullo y dignidad, tres chicas con pasamontañas de colores nos lo han enseñado. El PUNK no ha muerto, pero solo podrá revivirse si sabemos tocarlo con respeto.

Punkandfriends

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