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El mundo y Black Mirror se parecen cada vez más

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El mundo y Black Mirror se parecen cada vez más

Texto por Oralia Torres — 22.Nov.2016

En cine y televisión, el género de ciencia ficción sirve para retratar nuestras esperanzas, miedos, angustias y expectativas sobre el futuro, de modo que se vuelven cápsulas de tiempo conforme van envejeciendo. La popularización de cintas estadounidenses sobre extraterrestres en los 50, por ejemplo, refleja el miedo hacia el Otro monstruoso y la pérdida de identidad, representado en la aversión a la Unión Soviética y el comunismo. Hoy, las tres mejores series de ciencia ficción -la británica Black Mirror, la estadounidense Mr. Robot y la canadiense Orphan Black– presentan nuestras ansiedades colectivas respecto a la pérdida de control y el miedo hacia un Otro invisible, inevitable. Por lo pronto, nos enfocaremos en la popular serie británica, cuya tercera temporada se estrenó en Netflix el pasado 21 de octubre.

Black Mirror (2011), creada por Charlie Brooker, es una serie antológica de ciencia ficción especulativa en la que presenta episodios aparentemente aislados por temporada, similar a lo que hizo la pionera The Twilight Zone (1959-1964). La serie se transmitió del 2011 al 2014 en Channel 4, y fue comprada por Netflix para crear dos temporadas más. El título de la serie, explicado por Brooker en un artículo de The Guardian, hace referencia a todas las pantallas que tenemos a nuestro alrededor y que se han vuelto indispensables en nuestras vidas: el smartphone, la laptop y la televisión.

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La serie presenta un futuro tecnológico cercano, y explora la forma más distópica en la que pudiera ocurrir. Es así que sus episodios presentan cómo los gadgets tecnológicos afectan las relaciones personales –The Entire History of You y Be Right Back-, el impacto negativo de la tecnología en la vida pública –The National Anthem y The Waldo Moment-, la obsesión con el entretenimiento constante y vacío –White Bear y 15 Million Merits-, o una combinación de los tres –White Christmas. Esta nueva temporada continuó explorando esos temas, además de criticar nuestra obsesión con la popularidad en redes sociales –Nosedive– y la cultura de bullying en línea –Hated in the Nation-. Asimismo, Brooker también presentó los lugares oscuros a los que puede llegar la realidad virtual –Playtest, Men Against Fire y, con tono optimista, San Junipero– y el chantaje virtual –Shut Up and Dance. El punto de vista cínico y desesperanzador, así como la calidad narrativa de la serie, es suficiente para perder toda fe en la humanidad y la tecnología, pero la crítica ácida que hace a nuestra civilización la hace imperdible.

Quizás, el futuro distópico presentado en la serie ya se está volviendo realidad. Saber del robot de inteligencia artificial del MIT que hace imágenes de pesadilla da escalofríos, pero hay otros elementos en Black Mirror que son capaces de dejarte sin dormir por los ecos que tienen en nuestra realidad.

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The Waldo Moment presenta a un oso azul animado que entra a la carrera electoral como candidato independiente para obtener un puesto dentro del Parlamento Inglés, argumentando que es más “real” que los candidatos humanos porque es honesto y no tiene filtros. A pesar del alto riesgo implicado, el equipo de producción detrás del monigote decide continuar con el experimento para aumentar el rating del programa. Y, pues, la democracia funciona, y el pueblo elige a quien quiere, no necesariamente a quien sea mejor para el puesto. Una vez que se subió la serie a Netflix, los neoloneses vimos reflejado a uno de nuestros políticos más controversiales y populares en este episodio: un hombre que declaró que no es político y no se dejará llevar por intereses partidistas. También, a los mexicanos les recordó a la gran influencia que tienen las televisoras para impulsar candidatos políticos y volverlos funcionarios públicos. Ahora, el resto del mundo recordó el episodio con figuras políticas como Nigel Farage, político británico que fue de los mayores defensores del Brexit, y Donald Trump, nuevo presidente electo estadounidense que basó su candidatura en atacar al Establishment y tener a miembros de grupos de ultraderecha como sus principales votantes. Los resultados están por verse, pero quienes han estudiado historia temen lo peor de los líderes inglés y estadounidense. 

Por otro lado, el miedo a que el gobierno nos vigile ha estado presente en la literatura desde la Guerra Fría -piensen en ‘1984’ de George Orwell y en ‘Brave New World’ de Aldous Huxley-, poco a poco se ha materializado, sobre todo en Estados Unidos durante el período de George W. Bush. Con los avances tecnológicos dentro de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), el gobierno estadounidense ha creado la forma de acceder a todas las computadoras y smartphones del país. Esta invasión a la privacidad -sin el consentimiento explícito de la población, fue lo que hizo que Edward Snowden filtrara ilegalmente información clasificada de la NSA, así como los programas de vigilancia global y sus conexiones con compañías de telecomunicación y gobiernos europeos. Empero, la NSA no cambió sus costumbres. Hated by the Nation retoma esos miedos y un avance tecnológico ignorado por muchos: Harvard creó sus propias abejas robóticas para reemplazar a las abejas -que están desapareciendo a ritmos alarmantes- en 2014. ¿Podrán ser usadas para construir el sistema de vigilancia más efectivo del planeta? Esperemos que no. 

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Por otro lado, para promocionar la serie, surgió RateMe, página en donde puedes ver tu calificación como persona en base a tus redes sociales, imitando la estética y sonidos de la app presentada en el capítulo Nosedive. Aunque dicho sitio es broma, el concepto de redes sociales para calificar a una persona en sí ya existe: la red social Peeple permite calificar a cualquier persona de manera personal y profesional -aún si no está inscrita en la red social-, de modo que otras personas sepan cómo es antes de conocerla. Creada por Julia Cordray y Nicole McCullough, la app ya está en funcionamiento y se puede descargar en iTunes. Calificar y criticar personas es algo que ya hacemos, pero que quede registro digital y que termine promoviendo una nueva sociedad estratificada por qué tan bien calificado está cada quien sería una pesadilla.

A simple vista, los miedos y situaciones distópicas presentadas por Black Mirror son una crítica a este futuro tecnológico que se está saliendo de control. Puedo escuchar las voces de generaciones anteriores, culpando a los millenials otra vez por estar pegados al smartphone y por ser egoístas en sus decisiones. Empero, la serie resuena y se ha vuelto tan popular -a pesar de lo oscura que es- porque, quitando la tecnología, siguen siendo historias humanas universales: la búsqueda de validación y aceptación por los demás, igual que la corrupción del alma y el individuo, son temas que se ha explorado desde la Antigua Grecia. Nos hemos destrozado mutuamente por siglos, sólo cambian las maneras de hacerlo.

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