Hellow

Search

+Hellow

Hellow
El dilema sobre el buen y el mal gusto

Column Style

El dilema sobre el buen y el mal gusto

Texto por HELLOW — 08.Oct.2015

El “buen” y el “mal” gusto siempre han peleado con la apreciación no sólo de la moda sino de casi cualquier cosa que necesite interpretación individual para su consumo. El arte, las cortinas, el diseño, la comida, las herramientas, etcétera son algunos ejemplos que conviven con esta proyección estética del juicio. Sería una generalización bastante amplia conceder al buen y mal gusto un terreno casi inminente y, aunque así sea, la generalización habla por sí sola.

Aceptar que existe un gusto es, por mucho, aceptar una conducta de cómo debe ser apreciado el objeto o la idea que está por juzgarse. Un buen gusto en moda, nos hace pensar inmediatamente en la elegancia. Por otro lado, un mal gusto significará un concepto errado de lo que debe ser la moda para quien la consume, en otras palabras, algo feo. En sí, el consumo y el gusto se sobreponen para fundar una escuela donde el bien y el mal son extremos excluyentes.

Detalle del icónico Dinner Dress de Franco Moschino lanzado en 1989 por la marca homónima

Una blusa, una colección o un accesorio es el clímax de la apreciación subjetiva. El ejercicio individual de generar un gusto por cierta prenda o cierto estilo de vestir demostrará, en un ámbito discursivo, la capacidad del sujeto por consumir la moda. El gusto, sea malo o bueno, valoriza al humano;  nos hace partícipes de una carrera por saber quién sabe más y quién hace las cosas mejor. Sin embargo, este sentido se mantiene firme a códigos preestablecidos que han sido enseñados desde hace siglos.

La historia del gusto tiene inicio en Francia de Luis XIV. Con sociedades construidas a partir de jerarquías, la ropa funcionó (y funciona) como una exposición de riqueza. No sólo se usaba la indumentaria con fines estéticos, sino que la riqueza monetaria denotaba el gusto de la persona. El gusto era cambiante con cada temporada y con cada moda monárquica. Telas, atuendos, adornos y peinados constituyeron el punto de partida para construir una experiencia estética, cuya dignificación vanagloriaba el buen o mal gusto de la persona.

LouisXIV

Actualmente se vive algo similar. A pesar de que la ropa aún demuestra parte de la riqueza personal, la moda se ha transformado en más que una experiencia estética, donde los sentidos, los conceptos y símbolos transforman al gusto en una conducta aprendida cuyo rompimiento llega al punto de considerar el  mal gusto como un buen gusto. Lo kitsch, los movimientos de antimoda y lo feo (considerando y aceptando que existe algo llamado bello) se vuelven el nuevo cool y la nueva tendencia. Una vez más, la moda compite con la novedad.

tumblr_n6gvxda7n51rz4w9eo1_1280

No obstante, pensar en el gusto es considerar un sinfín de aseveraciones que aún tienen debate en distintas disciplinas incluidas la moda. Por ejemplo, el gusto en el arte quizá es el ejemplo más cercano a la moda. El gusto es tan subjetivo como la percepción misma. Elegir si es bueno o malo. Si es bello o no. Si es cool o no, o si sólo “está padre” es un ejercicio totalmente individual, cuya colectividad se genera cuando existe comunicación, es decir cuando se pone en común con otro sujeto.  Perder el miedo a parecer diferentes por no tener el mismo gusto que el otro, quizás, sea el ejercicio que debamos aprender, aunado a la tolerancia y el respeto por la realidad del otro. ¿Realmente está mal que me guste algo diferente? No lo creo, tal vez entre los dos extremos del buen y el mal gusto, se puede construir un gusto personal y único.

Más Hellow

Historias Relacionadas