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‘DARK’: La caja de misterios alemana que nos trajo Netflix

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‘DARK’: La caja de misterios alemana que nos trajo Netflix

Texto por Julio Vázquez — 04.Dec.2017

Profundizar demasiado en DARK podría de alguna forma arruinar uno, o varios, de los pilares que fungen como gancho para el espectador, por ello trataré de ser lo más cuidadoso para primeramente, no dar algún spoiler, y en segunda, que su factor sorpresa se mantenga intacto. De hecho, recomiendo mucho tener cuidado con lo que lean en Internet sobre la serie, e ignoren todos esos títulos llamativos que la comparan con Stranger Things, porque DARK llega a donde Stranger Things no se atrevió ni se atreverá a llegar.

Empezaremos por lo más sencillo: Ésta es la nueva producción original de Netflix realizada en Alemania, que comenzó su desarrollo a finales de 2015. Creada por Baran bo Odar, director suizo, y la guionista alemana Jantje Friese; La historia parte en 2019, en un pequeño pueblo alemán llamado Winden (Brandenburgo en la realidad), localidad donde prácticamente todos los habitantes se conocen, y comparten espacio con un gran bosque y una planta nuclear. Los ciudadanos están en búsqueda de un joven desaparecido, al que posteriormente se le sumará la pérdida de un niño, siendo esta desaparición la que ligue a cuatro familias y que capítulo a capítulo vayan desenvolviendo, a su ritmo, todo lo que hay detrás del acontecimiento central.

El primer episodio nos presenta a todas las familias, y tiene una esencia que nos remite inmediatamente a IT y la serie antes mencionada, lo que provoca las comparaciones, y que molesta un poco porque parecería que lo nostálgico-misterioso-sobrenatural sigue inundando las pantallas. Pero afortunadamente no es así.

Sí, ambas series se centran en niños desaparecidos e involucran fenómenos inexplicables, luces que parpadean, y ruidos extraños, pero de hecho, comparar esta historia con las aventuras de los personajes de Hawkins, es hasta minorizar la compleja trama de esta nueva serie a lo plano, más no por eso malo, que resulta uno de los títulos más populares en la plataforma de streaming. La misma producción se encarga de darnos la distinción más básica colocando desde la primer escena el tono que llevará la trama: La cita a Albert Einstein, “La distinción entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión obstinadamente persistente”; un suicidio; una voz en off que nos dice que “todo está conectado”; y la paleta de color (Nikolaus Summerer realizó la fotografía) que juega entre los grises, verdes y azules más fríos. Colores que inmediatamente empatan con el clima del lugar; la música, cuya dirección corrió a cargo de la mexicana Lynn Fainchtein (The Revenant, Roma) y composición del australiano Ben Frost; pero sobretodo, con los estados de ánimo de sus personajes.

“La pregunta no es dónde. La pregunta no es quién. La pregunta no es cómo. Sino cuándo”.

La producción de diez episodios mezcla misterio, un mínimo de terror, un poco de religión, metafísica, drama e inesperadamente, ciencia ficción. De hecho, la idea original surgió por la guionista, quien empezó a cuestionarse ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿qué es la realidad, el espacio y el tiempo?… Es fría, tensa, densa, incluso hasta tiene ciertos tintes de melancolía, y cuenta con un magnetismo muy fuerte por la manera que tiene de contarte lo que te cuenta (digna para maratonear). Es como una máquina misteriosa que tiene giros de tuerca, secretos, suspenso… y por si esto no bastara, en el desarrollo de la historia aparece una caja con respuestas que tarda en revelarse. Todo un rompecabezas que exige la profunda atención y esfuerzo del espectador, y con ello la inteligencia necesaria para poder seguir el ritmo, juntar las pistas y no frustrarse.

Punto que recae en sus personajes, interpretados por Anna KönigRoland WolfLouis HofmannOliver Masucci, y más. Grandes actuaciones que nos dan a figuras hostiles, bondadosas, insensibles o sumamente emocionales, enigmáticas, y hasta se podría decir que con almas rotas. Pero es este exceso de personajes y la atención que se exige de manera individual, porque cada uno tiene un secreto, que por momentos se siente una falta de profundidad en cuanto a poder conocer del todo a estas personas, llegando al punto de abrumarnos y provocar un enredo de manera innecesaria. Pero, hay que mencionar que cumple transmitiendo la cultura alemana y su alto grado intelectual.

Si de pronto lo que necesitas es algo que te disperse del día a día y te relaje, posiblemente la vibra tan pesada de la serie no sea la mejor opción. Pero si te gusta el estilo de David Fincher, las historias de Sam Esmail, la ciencia que hay detrás de Dirk Gently’s Holistic Detective Agency o Interstellar, el misterio que ofrecen The X-Files y hasta cierto punto Twin Peaks, o simplemente quieres ver algo que te obligue a pensar en otra cosa que no sea el trabajo o la escuela, a resolver un misterio, provocar la curiosidad y cuestionarte la existencia humana; DARK es la mejor opción.

Una producción visualmente hermosa, misteriosa, y que tal cual pasa con las clases de Filosofía, al terminar lo único que obtienes es un mindfuck que te deja sobrepensando lo que significa ser humano, el destino que tenemos y el uso del libre albedrío. Mención especial a la ansiedad tremenda que nos regala su cliffhanger.

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