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‘Bang Gang’: sexo, drogas y electro/synthpop

Culture

‘Bang Gang’: sexo, drogas y electro/synthpop

Texto por Oralia Torres — 11.Aug.2017

Desde su creación en el imaginario colectivo y social a mediados del siglo XX, los adolescentes son una fuente interminable de curiosidad, historias, y exploraciones sobre lo que representa este breve período en nuestras vidas. Es una etapa frustrante: se es demasiado joven para ser tomado en serio y para poder hacer y acceder a la Vida Adulta, pero ya se es demasiado viejo para mantenerse en el mundo infantil. Se tiene todo el tiempo del mundo, mucho tiempo libre con el cual se pueden hacer pocas cosas, y las formas de ser adolescente cambian radicalmente con el paso del tiempo. Y hacer filmes sobre adolescentes es difícil: dado a que todas son hechas por adultos -la gran mayoría por adultos que lo son desde hace mucho-, con facilidad se puede romantizar esa época y volverla demasiado limpia, o bien caer en juicios morales cuando se quiere presentar una visión más cruda. Bang Gang (Una Historia de Amor Moderna) queda en medio de esas dos vertientes: intenta mostrar el lado crudo sobre la exploración de la sexualidad sin juicios moralistas, pero no se atreve a mostrar una perspectiva más consciente ni a comentar sobre las características únicas de la adolescencia en sí -en este caso, el uso y abuso de redes sociales.

Basada en hechos reales ocurridos en Biarriz, Francia, un grupo de adolescentes inventan un juego grupal en el que ellos -y, después, el resto de los adolescentes de su preparatoria- descubren, prueban y exploran los límites de sus cuerpos y sus sexualidades por una corta e intensa temporada. La historia tiene el potencial de ser una interesante mirada desde las perspectivas adolescentes (francesas) hacia el sexo, las relaciones personales, y la madurez; sin embargo, el poco cuidado que se le da al desarrollo de los personajes hace que éstos no se sientan como adolescentes reales, y, por tanto, las eventuales consecuencias no tienen el peso que deberían. El drama que debería haber entre el grupo central es prácticamente inexistente, ya que la película no se preocupa por mostrar cómo eran sus relaciones antes de que comenzara la fiesta. Es gracias a esto que el resultado es un filme vago e intrascendente, sin la fuerza suficiente para hacer un comentario (de cualquier tipo) sobre la generación que creció con Youtube y Facebook. Por otro lado, la directora Eva Husson es prometedora, al demostrar tener un control completo sobre la cámara y edición, y tanto la dirección de arte como la cinematografía son bastante notables. La banda sonora, a cargo de Morgan Kibby (White Sea), es quizás lo más rescatable de la cinta.

Con una estética y forma preciosa, pero sin un fondo sobre el cual apoyarse, Bang Gang busca provocar pero sólo produce el mismo tedio del que sus protagonistas buscan escapar.

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